Historia Personal (cont)
RELACIONES INTERPERSONALES
Proyecto Fenix

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La Historia Personal
 
Autor: Profesor Hugo E. Rojas Salas
<Hoy 11 de Marzo del 2008>
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http:www.tantoamarte.blogspot.com
Verito, la historia de amor
periodismodecalle.blogspot.com
Historias de Calles
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blazon_azul@hotmail.com
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LA PREGUNTA NECESARIA.

CUANDO EL SER HUMANO ESTÁ CADA VEZ MÁS VOLCADO HACIA EL EXTERIOR ¿Qué sentido tiene plantearse esta pregunta? ¿Porqué conocerme?
¿Porqué bucear en lo profundo de mi ser e inquirir en lo que soy y en lo que no soy?
Qué sentido tiene para cada uno de nosotros esta pregunta? Personalmente la planteo constantemente, y cada vez su respuesta es má evidente: conocerme significa, en lo inmediato, saber quién soy, descubrir mis capacidades, constatar mis deficiencias, mis anhelos, los temores y los sueños que abrigo. Comprende cuáles son los mecanismos que operan e inciden en mi modo de pensar, de actuar y de ser. ¿Quién soy? Un ser que respira, que se mueve, que tiene un componente biológico; piensa, que tiene ansias de abrazar a la vida, que tiene una enorme capacidad para amar..

Socialmente he recibido un nombre, este conlleva las aspiraciones de mis padres hacia mi persona, no obstante ello, pesiste en el tiempo la pregunta sobre la esencia de mi ser.

Puedo responder: Un ser humano, distinto a otras especies con un componente racional, afectivo y bilógico. Internalizo esto...pero ninguna respuesta pude conformarme. Acude a ortega y Gasset: YO SOY YO Y MI CIRCUNSTANCIA
Encontraré muchas respuesta, todas contiene una parte de la verdad. No pregunto qué soy sino quién soy.
1. LA HISTORIA PERSONAL.

El intento por responder me conduce a revisar mi historia personal. a través de los acontecimientos vividos puedo entender parcialmente quién soy. Es necesario revisarla de manera cronológica. Poseo recuerdos muy remotos de cuando era niño. Es interesante realizar este ejercicio, sucede que de repente mi mente se ve inundada por muchas imágenes que nunca más volverán a mí. quedaron grabadas con tal intensidad que jamás podré olvidarlas. es como si por un instante me trasladase a esos tiempos felices y tiernos, y me viera nuevamente colgando de una micro o caminando por la orilla de un canal sin polera, con el calor y el polvo llenando mis sentidos. Ese era yo, así era, eso vivencié. Todo en mi realidad se detiene, y me traslado al lugar donde vivía mi madre. Vuelvo a mirar las calles angostas, polvorientas, se rearman nuevamente las casas de maderas con articulaciones torpes y grotescas; contemplo sus techos de fonolas, interpreto desde el hoy que eso era miseria. Un niño moldeado por una realidad llena de deprivaciones. Recuerdo que la casa no tenía madera ni cerámica en el piso. Las paredes de la casa estaban forradas en su interior por cartones. La imágen de mi madre con su puesto en la feria, pequeño aún, las sandias me parecían gigantes, el tablón que contenía las verduras me llegaba a la frente, y desde ese ángulo la contemplaba a ella, atendiendo a sus clientes, debo haber tenido unos seís años. Recordar esa imágen me llena los ojos de lágrimas.



2. El sol

Mi hermano iba al Colegio, en cierta ocasión llegó a sorprenderme con un sol que había dibujado, para mí era asombroso, era el,sol, y yo lo estaba contemplando. Intensamente amarillo, con todos sus brazos de llamas que lo abrazaban. Puedo rescatar muchas imágenes de mi vida, pese a esto, debo reconocer que sólo se han grabado las que han tenido mayor impacto emocional. Constato, además que mi historia personal está segmentada por momentos bien definidos y pudo decir que son estos:

a. 5 a 6 años Relación con mi madre
b. 7 a 12 años Internado
c. 13 a 18 años Vivencia con mis abuelos
d. 19 a 31 años Vivencia como Religioso.


3. Descubro las etapas relevantes.

Considero que lo vivido en las tres primeras etapas fue lo más determinante para mi vida. Lo vivido es aquellos años quedó registrado de forma indeleble. Jamás olvidaré las situaciones vividas durante ese lapsus de tiempo. Entonces, cuando me pregunto sobre quién soy, de manera inevitable me remito a mi Historia Personal., especialmente a la vida de niño, y expreso: Soy Kfandar, hijo de la Señora Silvia,nací en la villa o´higgins, hijo de padre ausente.
Esta definición me conecta con lo que realmente soy. Ante mi se coloca la realidad, y aunque esta sea dura o absurda es mia, y no debo intentar modificarla, es así, se debe terminar conviendo con ella.

SURGEN MÁS ELEMENTOS. Cumplidos los siete años fallece mi madre. Junto a mi hermano vamos a parar a un internado de Carabineros., junto a eso sufro la separación de mis hermanas, ellas se van a un hogar de Monjas. Estando en el internado Niño y Patria, cierto día, un carabinero se acerca a mi camarote, sin ambages me habla en voz baja: ´en la vida se dan momentos muy tristes, pero tenemos que ser fuertes porque la vida sigue su curso...la mamita se fue al cielo¨. En ese instante no dimensioné la perdida, mi corta edad me impedía objetivizar la situación. a partir de esta noticia hilvané otros acontecimientos que había sucedido ´días anteriores. Mi madre en persona nos había internado, nos dejo a cargo de una tía llamada sonia nos visitaba antes de que mi mamá fuese sometida a una operación. Justamente una de esas tardes la fuimos a visitar al Hospital sótero del Río. No ingresamos, desde la calle vimos cómo se despedía de nosotros. Fue la última imágen que registré de ella. Mientras me seguía hablando el carabinero quise conectar la situación con lo recordado...recien ahí entendí.

Esa noticia fue tan dura que destruyó algo de mí mismo, hasta el día de hoy experimento que ese respaldo me falta, durante mi vida he llorado mucho a mi madre, pues en el momento en que más la necesitaba ella se iba.


LA EXPERIENCIA DEL DOLOR


Cada historia personal es única e irrepetible. En el tiempo y en el espacio no se podrán dar dos historias que sean completamente iguales. Se podrán asemejar en algunos elementos, serán coincidentes en algunos aspectos, nunca serán iguales.

Si piensas en todos aquellos momentos que de alguna u otra forma han causado pena, tristeza, o dolor descubrirá que son muchos. Tantas historias, tantos desencuentros; largos períodos de desierto, de sentirse solos y perdidos, náufragos de esta realidad que nos absorbe y nos conduce sin compasión. La vida se vive una solo vez. Este minuto que tengo es valioso en términos de que jamás volverá a vivirse. Esta lectura de las cosas, este mirar en mi entorno, este escudriñar en la realidad diáfana, transparente y cristalina, me permite entender que el hoy es el hoy, y que cada minuto es encuentro y despedida. Me acerco un poco más a la muerte, adquiero un poco más de vida. Avanzo con pasos agigantados, nada puede detener el paso del tiempo, de las horas de mis segundos. Crezco en sabiduría, en amor y en misericordia. Nadie pidió venir a la vida, como sostienen los filósofos existencialistas; de repente me encuentro en esta realidad y tengo que ir descubriendo el rol que me toca desempeñar en ella. Poseo en mi interior estas ansias de infinito, en ocasiones creo que esta realidad no me pertenece, busco una esfera más allá de lo sensible y de la real. Vivo, respiro, lleno mis pulmones con aire fresco, incoloro, diáfano. Existo. Yo soy. Poseo entendimiento. Tengo conciencia de mis acciones. Sé, con una certeza que desgarra lo más hondo de mi ser que soy mortal. En la vida muchos viven creyendo que vivirán por siempre. No se dan cuenta de que esta historia es breve y su guión se escribe con la velocidad de la luz. Quien no ha tenido la experiencia de la muerte no puede entender cabalmente a la vida. Sólo quien ha estado a punto de traspasar el limite que separa la muerte de la vida, entiende que ese aire que respira es valioso. Comprende que cada día es importantísimo. Llega a comprender que los demás son significativos. Valora y acentúa las relaciones con las personas a las que amo. Leí un poema que encerraba la siguiente idea: &#8216;los seres humanos somos miopes, descubrimos el valor de los demás sólo cuando los perdemos&#8217; Es común escuchar que no tengo tiempo. Es doloroso pensar que ese no tengo tiempo impide que disfrutemos en vida a lo que más queremos: nuestros hijos, nuestros padres, esposa, abuelos. Pasamos por la vida con una sola idea acumular bienes materiales para vivir un futuro mejor, un futuro que no vivirá pues el alma que nos anima volverá del lugar desde el cual salió. Cada uno de nosotros tiene una historia particular, distinta, con categorías y ángulos de comprensión diferentes, en común tenemos el dolor que siempre nos acompaña. Generado por diversos motivos, incomprensiones, desaciertos, desencuentros, infortunios, etc. Si cada uno de nosotros lleva consigo esa cuota de dolor, con qué derecho yo agrego más dolor a la historia de los demás. Es cierto, somos miopes, no vemos el fondo de las cosas, apreciamos sólo lo superficial. Y nos destruimos. Inventamos cuentos para perjudicar a los demás. Buscamos sus puntos débiles para dañarlo. La envidia corroe nuestros corazones, el odio nos ofusca y no vemos la bondad de la vida. Ignoramos el perdón, olvidamos que nuestros compañeros de ruta sufren, poseen las mismas ansías y los mismos temores que todos los seres humanos. Aunque estén nadando en dinero, nada los priva de vivir la vida con luces y sombras, con gracia y pecado, con fortalezas y debilidades.
Cuánto dolor existe en nuestra vida y tanto dolor causado a los demás.

EL COMPONENTE SUBJETIVO

Para conocerme tengo que poseer ciertas herramientas. Existe mucho material publicado para tal efecto. Cientos de estudios avalan las múltiples teorías psicológicas. Es bueno acceder a ellas para conocerlas y aplicarlas. Todo instrumento que utilice tengo que aplicarlo con humildad, sin pensar que ese instrumento es la panacea de la vida. Conozco muchos estudiosos de la conducta humana que se dogmatizan en el tema y afirman categóricamente que sus resultados son únicos, válidos e irrefutables. Se han transformado en dogmáticos del conocimiento personal. Antiguamente la Iglesia Católica se atribuía la posesión de la verdad. Sostenía que en ella se había transmitido la verdad sobre la vida y sobre la muerte. Cuando se preguntaba por el sustento de esa afirmación, refutaban con decisión que los dogmas de fe no estaban sujetos a cuestionamientos. A la interpelación de por qué la virgen fue llevada al cielo, se sostiene que es un misterio. Ahí terminaba la discusión. Dentro de la Iglesia está la verdad, fuera de la Iglesia no hay verdad, ( afirmado antes del concilio Vaticano segundo. En consecuencia, quienes no pertenecían a la Iglesia católica vivían en el error. Este tipo de dogmatismo se trasladó del ámbito eclesial al ámbito de la ciencia. Existe lo que puedo palpar y lo que puede ser objeto de estudio y de análisis. Las ciencias humanas tienen dosis de dogmatismos. Algunos psicólogos aplican sus instrumentos desde esa creencia. Piensan que son infalibles, consideran que un test arroja resultados absolutos.
Una Empresa de atención de publico llamó a nuevos postulantes para su departamento de ventas. Me tocó revisar pruebas de los postulantes. Estas apuntaban básicamente a detectar a quienes razonaban con rapidez para dar respuestas inmediatas y satisfactorias a los clientes. Durante la entrevista personal pregunté a algunos sobre el grado de dificultad que habían encontrado en la prueba. Respondieron que encontrando la mecánica de respuesta pudieron haber hecho más, no obstante, a esto detecté que muchos de los jóvenes llevaban bastante tiempo sin trabajo, varios de ellos no habían almorzado en días, y lógicamente que al momento de responder el test sus estómagos estaban vacíos, y por más que intentasen dar respuestas satisfactorias no podían.
Entonces, por una causa externa, el carecer de alimentación necesaria, se afectó la capacidad interna de responder bien a la prueba aplicada. Los distractores externos y los internos gravitan en contra o a favor de la aplicación de cualquier instrumento. Soy un convencido de que los instrumentos psicológicos poseen mucho de subjetividad, y que no se pueden aplicar pensando que de ellos se obtendrá la verdad absoluta. Pensemos en las cientos de personas perjudicadas al ser sometidas a este test de conocimiento. Para acercarse a las personas y facilitarles el camino a su propio conocimiento personal propongo renunciar a todo residuo de dogmatismo mental. Considerar que son importantes, pero de estructura falible. Si se tiene la capacidad para asistir a las personas e ir en apoyo de su re-estructuración, se tiene que actuar con humildad, tenemos que pensar que llegan a nosotros destruidos anímica y mentalmente. Nuestra labor es similar a la de un mecánico, nosotros, no arreglamos autos, arreglamos algo mucho más frágil y delicado: las mentes y las estructuras de las personas. Si no me acerco con humildad al otro y no le hablo yo mismo desde mi propio dolor, es probable que jamás lo llegue a tocar sensiblemente.


UN PRINCIPIO MORAL


Ella se llamaba Noelia, no recuerdo con exactitud cómo la conocí. Vivía, al igual que yo en la comuna de Conchalí. Nos hicimos amigos y comenzamos a frecuentarnos. Su cabello ondulado, rubio y largo, caía hermosamente sobre sus hombres, llegando a cubrir totalmente su espalda. En su rostro destacaban unos ojos pardos, cristalinos, grandes. Confieso que en algún minuto me sentí atraído por ella. A su belleza se le sumaba una simpatía que cautivaba subrepticiamente. En ese tiempo yo vivía con mis abuelos. Ellos eran la familia que presentaba a todos mis amigos. Cursaba en ese tiempo el cuarto año de Enseñanza Media. Muchas personas se acercaban a mí para conversar sobre sus problemas o bien para que les ayudara en sus tareas. Nunca me molestó hacerlo, ya que me sentía bien asumiendo ese rol. Un vecino que no sabía escribir, habitualmente me pedía que le redactase las cartas de amor que le enviaba a su polola. Trataba de ponerme en su lugar y salían de mi audaces y conmovedores poemas. También llegaban sus hermanas solicitándome que les ayudara en matemáticas, en el patio tenía una mesa en la que nos instalábamos a estudiar. Ellas peleaban por llamar mi atención. A mi no me gustaba ninguna de las dos. Tenía otra vecina, de nombre Alejandra que también me pedían ayuda, estudiaba en el Liceo Gabriela Mistral en la Avenida Independencia. Con ella nos, reuníamos todas las semanas. Un día, acompañándola a comprar el pan, me dio a entender que yo le gustaba. Lo expreso tangencialmente, en ese minuto no me percaté del mensaje, posteriormente rebobinando la experiencia vine a caer en la cuenta de lo que me había comunicado, no reaccioné adecuadamente en función a la amistad que nos ligaba.

Noelia era distinta. Tenía su pololo y siempre hablaba de él. Siempre me interesaron las personas, y a ellas dedico mucho tiempo. Tengo la imperiosa necesidad de conocerlas a fondo. Me gusta escudriñar en sus motivaciones más profundas. Noelia me permitió vivir mi primera experiencia como analyse personal. Utilizo el término, no de forma arbitraria, manifiesto con el una postura frente a la persona que nos interpela, el analizarla en sus conductas, en sus expresiones faciales, en sus palabras, y en sus tonos. No orbito en torno a ella, por el contrario, me involucro en lo que relata y en lo que va manifestando. Esa postura asumí cuando una tarde llegó a mi casa Noelia. En casa no había nadie, pese a ello ella se atrevió a pasar. Conversamos, y le pregunté por qué siempre estaba feliz. Exteriorizaba una felicidad permanente. Sostuvo que no era efectivo aquello. Y que ante mi se mostraba así para no amargarme. Entonces le pregunté qué escondía tras esa sonrisa.
Comenzó a hablar normalmente, me habló de su familia, mencionó a su hermana, manifestando lo mucho que la quería. Prosiguió hablando de ella. Y después de mucho tiempo llegó a confesar que no era feliz, aseverando que desconocía el motivo. Con preguntas intenté ayudarla a sondear en las posibles causas. Dubitativa se pensamiento escarbó en su interior, después mencionó a su madre. Su tono de voz cambió, y ya no era suave ni amable. Reconoció que la odiaba. La culpó de su personalidad tímida y reservada. Confesó que no la dejaba ser plenamente ella. Se sentía humillada y cercenada en su persona. Unas insipientes lágrimas comenzaron a abrir delgados surcos en su rostro, yo cerré los ojos para detenerme sólo en lo que relataba. Permanecí así unos segundos. Su voz adquiría un tono más frágil y débil. Al abrir mis ojos vi que ella había asumido una posición fetal, y hablaba con la voz de una niña de cinco años. Fue tan impactante esta experiencia que jamás la pude olvidar. Estaba recién terminado cuarto medio, y sólo sabía escuchar. Una vez que reflotó toda su mala experiencia con su madre, volvió en sí... no habló nada más, después de un momento se levantó y sin decir palabras se marchó. Ella se presentó a mí desde su debilidad. Estuvo ante mi indefensa. Todos sus pensamientos, sus afectos y su voluntad en ese minuto me pertenecían. Se había entregado en alma y en espíritu. Bastaba que yo me acercara al sillón y con el propósito de ampararla me hubiese aprovechado de ella. Estaba receptiva a cualquier manifestación de amor. Si hubiese querido la tenía para mí. Desde su fragilidad la hubiese guiado a mis afectos y a mis intenciones. No lo hice, pues entendí que no debía traicionar ese gesto de confianza. Fue cuando aprendí que en la relación con personas, la moral y la ética son importantes. Tienen que prevalecer ante todo. Años después en la universidad estudiaría un ramo denominado Moral. La persona carente de principios o valores no puede gestar un acercamiento con las personas a un nivel profundo. Rectitud, prudencia, moderación debe estar grabada a fuego en la mente de quienes pretendemos servir a las personas desde un diván. Sabemos que la naturaleza humana es frágil, somos débiles, y como afirmaba sabiamente Pablo: &#8216;Porque hago el mal que no quiero y no hago el bien que deseo&#8217;. Anhelamos hacer el bien, pero algo en nosotros nos conduce a actuar de forma distinta.

Con Noelia nos seguimos viendo por mucho tiempo. Desaparecí de se vida cuando me enteré que se casaba. El bien, pasar haciendo el bien. Ese es nuestro trabajo. Agradecer por este don que hemos recibido para lograr empatía con las personas y a partir de ella enhebrar lazos de amistad y conocimiento para rehacerlas desde el santuario íntimo de sus conciencias.


RUPTURA DE LOS VINCULOS AFECTIVOS


La misión del ser humano en la vida es abrir surcos, navegar, y llegar a las metas que su mente le muestra. Desde el nacimiento necesitamos guías, majaderamente nos repiten en la Escuela que un árbol chueco es muy difícil de enderezar. Los demás permiten que desde un comienzo nuestros pasos sean sobre rieles seguros y probados. Los apoyos a nuestro desarrollo lo encontramos en nuestros seres queridos. El ideal es que sean ellos y no otros los que nos introduzcan en la dinámica de la vida. Esperamos que ellos nos entreguen las herramientas adecuados para llegar a insertarnos cabalmente en la sociedad. Es deseable que los niños esperen de los adultos gestos grávidos de bondad y generosidad. Pequeños gestos, o delicadas muestras de cariño son relevantes en el desarrollo afectivo de los niños. Como adultos no siempre dimensionamos lo que para ellos esto significa. Es difícil que un adulto se coloque en el lugar de un niño. Pareciera tan simple, pues nuestra naturaleza nos ha dotado de cualidades que nos facilitan interactuar con los hijos, no obstante, esta faceta no la desarrollamos, y se origina un abismo entre nosotros y nuestros hijos. Falta cultivar esa cualidad, “ponerse en lugar de”. Si lo hiciéramos aprenderíamos a dialogar adecuadamente con los hijos. Ignoramos sus necesidades, sus anhelos y sus inquietudes.
Me pregunto, si hoy fuese niño, qué significaría para mí perder de repente a mi familia. Si tuviese cinco años, en el momento que movilizo los primeros pasos en la vida.
Qué sucedería si un día mi padre me toma y me cuenta que con la mamá se están separando. Como nos falta criterio y nos sobra estupidez humana, es probable que el padre nos invite a elegir entre uno y otro. En la vida existen vínculos que se generan por la naturaleza propia de nuestro ser hombres y ser mujeres. En la vida nada está creado al azar, todo tiene su significado. Cada particular en el cosmos tiene sentido de ser. Todo calza perfectamente con el propósito por el cual fuimos diseñados. Tengo que reconocer que pese a considerarme liberal en muchos aspectos, en este plano soy intransigente, la familia es connatural a los hijos. La familia tiene en su origen un destino bien demarcado, permitir que los niños crezcan en seguridad afectiva y en consistencias psicológicas. La confianza y las certezas que me puedan acompañar en la vida, las recibo de forma incipiente en el seno familiar. Si me coloco en el lugar de un niño puedo descubrir lo importante que resulta para él una sonrisa, una muestra de cariño. Son de tal importancia que esas muestras aportan a que el niño se sienta más reconocido, protegido, y amado. Si tuviésemos la capacidad de ubicarnos mentalmente en la cabeza de nuestros hijos, las injusticias que comentemos con ellos se reducirían.

Sucede que las decisiones tomamos en la vida, surgen a partir de nuestras propias conveniencias, de nuestro propio egoísmo. Si viviésemos la paternidad como oblación y entrega, seguramente pensaríamos más al momento de dejar desprotegidos a los hijos. Esta mentalidad torcida impide que velemos por el bien superior de nuestros pequeños. A ellos los postergamos, en función de nuestras propias satisfacciones personales. Es común escuchar a los padres de hoy: “ Soy joven y no quiero perder mi juventud junto a un hombre, (o mujer) con el que no soy feliz” desconocemos la esencia y el alcance del amor, por eso discriminamos tan mal. Si amaramos de corazón a nuestros hijos todo sería diferente.

Entonces, todavía no nos hemos percatado del daño que les ocasionamos a nuestros hijos. Si continuamos con esta lógica de razonamiento habría que afirmar que el niños cambia su habitat familiar de manera violenta, de un día para otro se queda sin su padre o sin su mamá. Junto a eso toda la serie de interrelaciones que se habían originado a partir de ese núcleo familiar. Son estas perdidas las que provocan grandes aberturas en los afectos de los niños. Quedan dañados, al momento de que algo importante se les arrebató. Este navegar en la vida comienza a ser difícil, tempestuoso, intrincado. El niño pierde los vínculos guías. Estos lazos que le permitían estar conectado con su interior y su mundo externo. Se experimenta perdido, naufragando en una realidad que no alcanza a comprender. Recordemos que sus esquemas cognoscitivos se están entrelazando, y son esencialmente inmaduros. Su visión de las cosas es parcelada, y no entiende nada más de lo que está en su entorno más inmediato. Sin tener la madurez psicológica para entender lo que está sucediendo, se gesta en su persona las primeras fisuras que con el tiempo se irán profundizando. Quedan vacíos en la primera etapa de su vida. Luego estas tendrá que sanarlas. Frente a mi han desfilado muchas personas en busca de apoyo, todas han planteado que desean sentirse mejores. Ha existido una corriente psicológica que justifica todos nuestros desaciertos, y que nos hace ver lo anormal como normal. Afianzamos, quizá sin desearlo, esquemas inadecuados, que no corresponden a nuestra naturaleza. A esta corriente le da todo igual, y si alguien le plantea que aspira a separarse, confirma este deseo y le induce a que lo haga lo más rápido posible. Me pregunto ese psicólogo, mientras pronuncia ese discurso, ¿Piensa en los niños?, ¿agotó todas las alternativas de reconciliación y acercamiento? Avalan todo, es cierto, la tarea de ellos es colocar apoyos en las estructuras personales, pero a qué costo? Lógicamente, priorizo a quien tengo frente a mí, pese a ello no puedo dejar de indicarle los efectos y las consecuencias que tendría sus decisiones para quienes están más indefensos. Invito a que por un segundo se traslade y se ubique en la mente de sus hijos. Las devastadores consecuencias que impactaría para siempre sus personalidades. Un niño pierde sus vínculos y pierde su vida. Posteriormente, tendrá que efectuar un trabajo de reparación y reconciliación con su historia, es probable que sane sus heridas, pero un dejo de dolor le acompañará por siempre. La nostalgia de no haber tenido la familia que esperaba, la incapacidad para entender en su momento porqué se suscitaron dichos eventos, el desconcierto, las inseguridades serán sellos que tenuemente grabados quedaran en su sensibilidad. La tarea que debemos generar es permitir que el niño logre, dentro de sus posibilidades, formar un ámbito de seguridad que le facilite recuperar la confianza en las personas, en sí misma y en su entorno. Aunque sea un entorno frágil, incierto, permitir que el niño lo reconozca como suyo, como algo que está dado hoy, pero sin la certeza del para siempre. Que entienda que si está con su tía o con sus abuelos esa es su familia, también son sus vínculos que lo conectan con sus raíces, con su pasado, con el centro de su origen cosmogónico.






LA ESTABILIDAD

Los seres humanos necesitamos de la estabilidad para desarrollarnos y progresar; en distintos ámbitos se busca seguridad para asegurar procesos de crecimiento y prosperidad.
Los gobiernos destinan millones de dólares para desmotivar a los grupos que promueven ideologías anárquicas, y que son considerados un peligro para la perpetuidad de la sociedad. Durante este último tiempo una serie de terremotos han causado pánico y desconcierto en ciudades niponas. Las imágenes muestran una y otra vez los devastadores efectos que ha provocado en términos humanos y financieros. Cuando han mostrado estas imágenes observo la conducta de huida que se origina en las personas. Son reacciones erráticas, no saben dónde ir, donde esconderse, todo es inseguro. Han perdido el control de la situación, se encuentran indefensos, pequeños ante la magnitud de la desgracia. Por primera vez un acontecimiento los sobrepasa, no pueden manejarlo ni manipularlo, contradictorio con la naturaleza del hombre acostumbrado a ser dueños de todas las situaciones. Se nos mueve el piso con un terremoto. También hemos visto por estos días los enormes huracanes que han asolado las costas de EE.UU., y parte de América Central, han sido los peores en más de cien años. Resumiendo, ante situaciones extremas el hombre se desconcierta y por única vez se experimenta criatura y no-dios. Nadie puede responder adecuadamente ante los movimientos telúricos. Se nos mueve el piso y no sabemos que hacer. La idea de la muerte es cercana y ante eso nada se puede hacer. A una persona que le han anunciado que tiene cáncer el mundo se le viene abajo. Todo lo que fue y quiso ser en la vida pierde su significado. La vida se acota al presente, se pierde perspectivas de futuro. Cada minuto que pasa es un minuto ganado en esta lucha contra su enfermedad. Para ilustrar este tema apelo a estos ejemplos de la vida cotidiana, pero lo que en verdad necesito expresar es que todos los seres humanos requerimos de estabilidad para realizar nuestros proyectos de vida. Si los adultos nos &#8216;perdemos&#8217; ante un movimiento de temblor, el impacto en un niño es multiplicado por cien. Las rupturas en la vida afectiva provocan el mismo efecto en los niños que ser sacudidos por un terremoto grado siete. Podemos buscar las palabras que permitan definir este estado: desconcierto, miedo, terror, pánico, inestabilidad, desorientación, en definitiva estamos en crisis estructural, nuestras seguridades se han desvanecido. Un niño no tiene ningún dominio sobre los acontecimientos que vive, al igual que nosotros no lo tenemos con respecto a las fuerzas de la naturaleza. Agreguemos otros conceptos en el caso de los niños, se pueden escribir muchos pero todos hemos de coincidir en uno solo: daño. Hemos causado un daño enorme a la estructura interna de los niños cuando tomamos decisiones que los incluyen a ellos y no los tomamos en cuenta. Del mismo modo que el terremoto o el huracán dejan destrucción y desolación a su paso, así destruimos a estos pequeños seres a los que en algunos minutos afirmamos amar. Cuando rompemos sus lazos afectivos, cuando les negamos sus conectores con la vida, cuando pretendemos imponerles una voluntad que no es la de ellos, se resienten, sufren y su dolor le acompaña a lo largo de sus vidas. Si hoy mirara a mi hijo, y tratase de descifrar lo que pasa por su cabeza, es probable que la comunicación y los afectos se potenciarían de sobremanera. Sólo por hoy me levantaré y trataré de ponerme en el lugar de quienes son la razón de mi existir. Pensaré en todo el daño que con mis acciones les he ocasionado, me reconciliaré con ellos con sus vidas y con sus historias.



Le pregunto a un niño que significa para él ser abandonado por su papá o por su mamá me responde que se experimenta huérfano, abandonado, triste. El se expreso de forma breve y concisa. Utilizó tres palabras que resumen en verdad toda la crudeza de la situación. Mencionó una palabra que a mí no se me hubiese ocurrido la palabra huérfano. Es dura la palabra, pero si la pronuncio o si la retengo en mi mente huérfano es como sinónimo de solo. Huérfano es alguien que no tiene a nadie, no tiene nada. Una persona sin raíces, sin presente sin futuro. Los niños viven todo a nivel de sensaciones, de afectos, de gestos que guardan como algo valioso y preciado. Camilo Sexto en una canción que dice que un niño siempre espera cariño, nunca espera ser abandonado. Ellos están más susceptibles a las muestras de cariño que a las reprensiones a las negaciones de los adultos. Cursaba el 2º básico, cuando mis compañeros hablaban de sus padres. Yo guardaba silencio, y sólo escuchaba. En mi interior sabía que yo no tenía ni padre ni madre. Nadie debía saberlo era como un pecado, no tenía que confesarlo a nadie. Ante mis pares nunca debía reconocer esa realidad, si lo hubiese hecho las mofas y las burlas serían frecuentes. Debo concluir entonces que en esa situación yo era un huérfano. Esto se aliviaba por el solo hacho de que mis abuelos suplían la necesidad de afecto y de atención. Recuerden que mi madre había fallecido, y a mi padre nunca lo conocí. Lo que escribo sigue la misma pauta que recibí en mis estudios en Argentina, hablar desde tu dolor para tocar afectivamente al otro. Hablar desde tu pobreza para sensibilizar tu mensaje. Tenía siete años de vida, y esperaba en ese entonces sólo recibir cariño, nada de lo que pensaba sucedió. El tiempo pudo reconciliarme con mi historia, algunos teóricos humanistas que tuve la dicha de conocer me sanaron el alma, ellos me mostraron el camino que conducía al equilibrio personal. Y lo que hago es sólo duplicar lo que ellos hicieron conmigo en un momento importante de mi vida. Estas palabras son para realizar el más hermoso acto de fe en las personas. Creo en el ser humano, en sus cualidades y virtudes, nada lo puede socavar. Su ímpetu, su tenacidad le permiten vencer en situaciones límites. La resonancia, lo hemos dicho anteriormente, de los eventos tienen en los niños una magnitud mucho más grande que en los adultos, éste último dosifica, asimila, asume, sin embargo un niño no tiene las herramientas para hacerlo. No sabe cómo tomarlos, les vienen, les impactan ni siquiera es capaz de traducirlos e interpretarlos. Le llegan como asteroides, sin orden, desperdigados, en los momentos menos esperados. No los puede manejar, ni tener incidencia sobre ellos, pese a esto los graba, los registra, los guarda en lo más recóndito de su corazón, a la espera del minuto en que sí podrá tomarlos para trabajar en ellos, modificarlos y dar a esa energía una nueva orientación.

Deseo desarrollar en los siguientes segmentos la idea de registros mentales, con el propósito de entender los mecanismos que gravitan en el desarrollo cognoscitivo de los niños. Cada persona desarrollo un modo particular de ver y entender al mundo, comparado frente a otras personas pueden surgir someras igualdades, nunca la visión de una persona frente a otra será igual, esto lo he afirmado ya, concluyo que existen variedades de registros en la mente de cada persona. Como el celular que posee distintos tonos, y usamos el que más nos agrada, la mente posee diversidad de registros que permiten captar e internalizar los sucesos internos y externos. Para ingresar a este terreno investigaremos lo que significa en primer lugar la palabra &#8216;registro&#8217;

¿QUÉ DEBO MIRAR?

Si propongo que es necesario conocerse, debo indicar en qué aspectos debo detener la mirada. Mi conocimiento se desglosa en varios aspectos constitutivos de mi ser. Distingo lo racional, afectivo, cognoscitivo. Me pregunto cómo soy en cada uno de esos aspectos.
En el componente afectivo, surge naturalmente la pregunta de cómo soy. ¿Qué encierra este aspecto? Mis emociones, la sensibilidad, los afectos. ¿Qué tengo que preguntar? ¿Si soy afectivo?, si mis emociones son buenas? Más que darle una connotación de orden moral, tengo que saber si en esta dimensión siento de acuerdo a lo que yo soy, si experimento con normalidad esta capacidad de abrigar los afectos en esta esfera. Si existe deterioro, en este nivel, las interferencias para comunicarme con el mundo externo serán patentes. Cómo sé si mi afectividad está truncada, torcida o despedazada?, un indicador preciso es preguntarse
Si la tendencia interna de mi persona es la de volcarse hacia dentro, o la de fluir naturalmente hacia las personas. Luego, comprender si en el modo de expresar estos afectos, existe una continuidad en el tiempo, tienen que poseer en su estructura una dosis de estabilidad. Además, para saber la naturaleza de mis afectos tengo que descifrar en su nacimiento y en su finalidad, la orientación que tienen. Sucede que a veces, estas fuerzas internas, poseen componentes destructivos hacia sí mismo y hacia los demás. Quizá perviva en nosotros ese elemento primitivo que nos induce a pensar en hacer daño a los demás. Todas estas fuerzas internas se pueden manipular y ordenar para transformarlas. Son impulsos con los que tenemos que lidiar toda la vida. Siempre y en cada minuto se debe testear esta orientación, y ejercer sobre ella los controles pertinentes para que jueguen a favor nuestro y el de los demás. Generalmente, uno se pregunta si en la vida o en las opciones del diario vivir uno es bueno o malo. Reconozcamos que somos frágiles, tenemos una tendencia al mal. Esta vida está llena de luces y sombras. La conciencia es el faro que muestra una pauta de conducta, siempre se hará presente, golpeará con fuerza cuando nuestro accionar vaya en contra de nuestros valores. En lo afectivo descansa un soporte muy importante, éste proporciona la estabilidad y equilibrio para realizar nuestros Proyectos de Vida.
La afectividad, es también el soporte que encardila férreamente a la vida, es el impulso que anima todas nuestras elecciones. Empuja, sostiene a la vida en su orientación a las metas que nos mantienen activos. Produce adhesión a las corrientes de la vida, a las personas, al entorno que nos rodea. Son en definitiva los metatags, que agrupan y arrastran a los diferentes componentes de la personalidad para darle una estructura y un sentido. Cuando se logre una afectividad sana, reposada y madura, la vida nos resultara más grata, amigable. Cuando tengo que conocerme, tengo que remitirme al qué debo mirar de mi interior para cumplir ese objetivo. Me descubro en mi afectividad, constato lo que experimento, veo desde donde surge, y llego a comprender cómo se manifiesta hacia el exterior.
A veces nuestros afectos se asimilan a un tifón, característicos de las costas centroamericanas, llenos de turbulencia, fuerza y agresividad, destruyen todo lo se interpone en su camino. Su fuerza es gigantesca, un pueblo puede desaparecer a su paso.



MI HISTORIA ES ÚNICA Y DESEO VIVIRLA CON LOS EQUILIBRIOS QUE ME PERMITAN RELACIONARME POSITIVAMENTE CONMIGO MISMO, CON LOS DEMÁS Y CON LO TRASCENDENTAL.
1. DETERMINA CUALES SON LAS ETAPAS CLAVES DE TU VIDA. SELECCIONA SEIS MOMENTOS RELEVANTES DE TU HISTORIA PERSONAL.


2. SELECIONA E IDENTIFICA LA CARENCIA QUE TIENES QUE TRABAJAR.
3. RECONCILIATE Y CIERRA LAS ETAPAS DE TU VIDA QUE TE HAN CAUSADO MAYOR DOLOR.

4. HAZ UNA LISTA Y ENUMERA TUS RAZONES PARA VIVIR. PIENSA EN TU PROYECTO O EN LA META QUE TIENES PARA TU VIDA. CONSIGNA TODO ESTO EN UNA HOJA.
CAMINA BIEN. CAMINA FELIZ. TODO TIENE SOLUCIÓN. NO HAY MAL QUE DURE CIEN AÑOS



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