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RELACIONES INTERPERSONALES
Los demás pueden expresarnos algún comentario sobre cómo somos, y esto es concordante con lo que sostenía Johari: ‘existe un área de la persona que los demás ven, nosotros no accedemos a esa área’.Efectivamente, hay elementos en mi persona que yo no las veo, los demás sí. La respuesta parece clara, vemos lo que calza con la matriz que tenemos de nosotros mismos, e ignoramos aspectos que no son de nuestro agrado.
Es difícil expresarle a los demás que tiene características personales que no son de nuestro agrado, si tuviésemos libertad de espíritu para comunicarnos, y manifestar lo que realmente pensamos, nuestra sociedad sería una maravilla. Callamos para evitar discusiones. Los problemas de relaciones humanas están contaminadas por las omisiones. Tenemos miedo a decir lo que incubamos en nuestra mente, reiteradamente hacemos silencio, nos hacemos los desentendidos. Tenemos que reconocer con hidalguía que las observaciones de los demás nos pueden ayudar a modificar estructuras de comportamiento anquilosadas. Alguien que reconoce esta es posesión de su persona, no debiera molestarse por estas observaciones. Cuando me refiero a ‘ajuste interno’ indico que este se logra en tres niveles: racional. Afectivo, biológico.
En el primer aspecto, la persona ha logrado un orden en sus pensamientos, ideas, reflexiones. Posee consistencia mental, sus mecanismos de defensa operan adecuadamente. En el ejercicio de responder externamente, evalúa todas las variables, es capaz de objetivizar, tomar distancia de las situaciones para ‘rotarlas’ y verlas en todas sus caras. Analiza su propia vida como un don que le ha sido dado para ser fecundo, productivo. Tiene claridad sobre las luces y las sombras que lo acompañan, es consciente de su grandeza y de su fragilidad. Este esquema racional le ordena en todos los ámbitos de su existencia. Vive su día como si este fuese el último. Siempre surgirán los problemas, estos no lo hunden. Este es un racionalismo activo, que abre un gran espacio para vivir de un modo distinto y creativo.
Una persona ‘ajustada’, ha logrado nivelar todos los bemoles de su afectividad, sus emociones no se minimizan, tampoco se maximalizan, adquieren ante sus ojos su verdadera dimensión.
Surgen muchas situaciones, en nuestra sociedad actual, que conducen a desajustes afectivos. Cada vez el hombre y la mujer están expuestos a despiadadas exigencias laborales, sociales, personales que lo pueden des-centrar. El, estrés, el agotamiento es el mal de nuestro tiempo. Vivimos a un ritmo tan acelerado que terminamos colapsados. Catorce horas de trabajo diarias, sin posibilidad de hacer vida familiar, cuando nuestra conducta esta más cerca de la mecanización, el hombre pareciera que pierde sus controles afectivos.
Todos los extremos se tocan, y si una vida llena de vitalidad no afianza los mapas mentales por los que camina, en algún minuto puede perder el control. Las personas están cada vez más expuestas a recibir fuertes golpes afectivos. Pensemos con honestidad, en las personas que han perdido a sus familias, pierde los hitos por los que guía su vida. De súbito se encuentra en una situación distinta, en el proceso de reacomodación pueden dilucidarse de forma categórica las motivaciones por las que creía luchar. En el caso de la separación conyugal, de se este irreversible, deja en los involucrados daños irreparables. Después de la ruptura se vuelve a preguntar por las motivaciones que activan la conducta hacía objetivos, o metas definidas. Si no se encuentra la motivación por la cual se puede seguir viviendo se inicia un proceso de abandono total. Todos los esquemas mentales ceden, el hombre se vuelca a su interior, restringe sus relaciones más cercanas, su mente indaga sobre las que tendrán que ser las nuevas motivaciones para seguir viviendo.
Se construye, en esta situación, un desánimo estructural. Los mecanismo mentales y afectivos obnubilan cualquier intento por ver la luz que nos saque de esa precariedad existencial. Se pierde fuerza para la vida, se desvanece el interés por el trabajo; los afectos y la vida social se resienten. Es la dinámica del mañana ‘sí, llega el mañana y no están las fuerzas para responder a los compromisos. Se pregunta una y otra vez porqué los buenos propósitos no concuerdan con la praxis diaria. Cuando pierde dominio sobre sus motivaciones, se inicia la enfermedad del ‘ánimo’. Qué pasa, qué sucede. Piensa. Se planifica, proyecta la vida, el actuar no se condice de esos planteamientos. Se esfumó la fuerza, se desvaneció en algún recoveco de la mente.
Estamos hablando de procesos que suceden, poseen consistencia y realidad. Hablamos de desconexiones en el área cognoscitiva-afectiva. Qué puede hacer un hombre que va perdiéndose de manera inexorable en estos procesos. Recuperar la fuerza, la energía, cuando todo lo que emprende se desinfla. Al igual que las pilas de un ‘personal’ que se agotan, la vida de un hombre se puede apagar. ¿Se recargan las pilas?, en ocasiones sí, con una apretadita vuelven a ser útiles.
La vida del hombre ha de ser como la batería de los vehículos, estas con el mismo funcionamiento se recargan. Es la misma actividad, el volver a soñar lo que me permitirá recuperar las fuerzas internas. Cuando las crisis pasan se produce el crecimiento. Cuando el niño se cae, pese al miedo, se vuelve a poner de pie. Después de la tempestad viene la calma.
Una de las claves, es romper definitivamente con círculos productores de desesperanza. Saber que existen órbitas humanas que están dañadas desde sus inicios, éstas provocan más dolor que satisfacciones. Detectarlas, saber cómo funcionan es primordial. Puedo visualizar los efectos que producen en mi propia persona. Ellos son los padres de la envidia, la descalificación, el murmullo, la burla subrepticia, soterrada. Pese a las renuncias que puede significar, se tienen que abandonar. Se debe romper de manera categórica.
Apelo al término ‘orbitas humanas’, y no puedo proseguir sin antes explicar a qué me refiero. Cada persona Interactúa en diferentes grupos humanos: ámbito familiar, laboral, equipo deportivo, centro de madres, junta de vecinos etc. Estos son considerados grupos de apoyo a todas las actividades personales que se puedan realizar, concuerdo plenamente con esa definición, no obstante, considero que no siempre son beneficiosos para nuestro crecimiento personal, a veces es mejor perder un trabajo a deteriorarse en términos humanos, viendo cómo se merma la auto estima, la dignidad. Si descubro que la acción del grupo mina o destruye algo de mi persona tengo la obligación de retirarme. Es probable que opte por un retire gradual, que no sea drástico, quizá será negociado, como sea se tiene que alejar de aquellos grupos que pueden llegar a socavar algo de nuestra personalidad. Generalmente se acepta pertenecer a estas órbitas por conveniencia o por necesidad., sucede mucho en lo laboral, por no perder un espacio que nos proporciona seguridad monetaria soportamos humillaciones. Se debe ser muy valiente para romper con esquemas inmovilizantes.
LA INTOLERANCIA
Un mecanismo que entorpece cualquier diálogo con las persona: la intolerancia, a partir de esta se puede entender a los matrimonios que habiéndose amado tanto llegan a un grado tan alto de incomprensión nos causa sorpresa, extrañeza. Cuando la intolerancia se sienta en nuestro living, se dañan las confianzas, las dudas las incertidumbres son manifiestas. En qué minuto un Proyecto de vida en común se comienza a desmoronar. Es un proceso irreversible, asfixiante, difuso, nefasto, sin lugar a la duda, hemos de coincidir en que los intereses en común se pierden en un espacio de nadie. Cuando los planteamientos, las ideas, los sueños carecen de una base común. Cuando los anhelos y los planes del otro no me interpretan ni tocan mi afectividad, en definitiva cuando se disgrega la óptica en común. Las miradas y las motivaciones se distancian, comienza el diálogo marcado por la incomprensión, cualquier expresión que se pueda balbucear, se recibe como mofa, burla. Intentando reducir el conflicto con cualquier explicación se agrava. Todo lo que se diga se vuelve en contra, el otro lo toma como amenaza.
Creo firmemente en la vida familiar. Con otras ideas puedo ser muy progresista, al tratarse de la familia la defiendo, considero que es el mejor lugar para crecer, desarrollarse, incorporar valores, afianzar el aspecto psico-afectivo. La separación causamos un dolor irreparable a nuestros hijos, un daño que durara mucho tiempo, sólo con la madurez y el transcurrir de los años sanará en parte. No comparto este relativismo moral que insufla a nuestra sociedad occidental, en esta no existen certezas valoricas, lo anormal se nos presenta como normal.
En este ambiente actual de tanta violencia juvenil, nos preguntamos cómo castigarlos más severamente, legislamos para reducir la edad de imputabilidad, sancionamos y se reprime cualquier conducta que sea ‘sospechosa’...me pregunto si hemos pensado en la vida que llevan nuestros hijos, si hemos descubierto el grado de frustración en el que se sumen. ‘qué vida le hemos dado’, qué valores les transmitimos, si los vemos ocasionalmente, si se ha delegado la función formadora en el colegio o en la nana. Nos preocupamos sólo de las cosas materiales, trabajamos infatigablemente para tener un buen estándar de vida, vivimos para trabajar, pero no vivimos para vivir. Luego, extrañados, rompemos vestimentas y farfullamos: -‘Qué pasa con nuestros jóvenes’
Se repite la historia perdemos la perspectiva del otro, conscientes o inconscientemente los papeles, los gráficos, la oficina ocupan toda nuestra atención, subterráneamente nuestros hijos se desdibujan en algún lugar de nuestra mente. La familia es fundamental, y si alguien no puede entenderlo lo presentaré de otro modo: ‘La vida es una’. Esta transcurre, no volverá a repetirse en los términos o categorías con las que la vivimos hoy, puedo pensar en algún minuto que puedo no-ser, no existir, no estar. Esta realidad que tenemos es frágil, fugaz, misteriosa. Mi vida es el único vehículo que no puede detener su marcha, entonces, si hoy vivo y mañana no, por qué no disfrutar en el único espacio disponible que tengo: el aquí y el ahora. Disfrutar a las personas a las que amo, expresarles que para mí son importantes, decirles que ellas viven en mi corazón, darles el afecto que perdurará más allá de mi partida. En el hoy se vive la vida.
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ENCUENTRO Y DESPEDIDA.
Siempre he planteado la relación con los demás como de encuentro y despedida. Pienso en todas las personas que en algún momento fueron partícipes de mis más cercanas experiencias de vida. Muchas de ellas pasaron, y dejaron en mi alma un recuerdo imborrable. Dejaron en mi corazón sus atenciones, su sonrisa, sus atenciones, su amor, por ello no las olvido. Vivieron conmigo en un mismo tiempo y un mismo espacio, creo que su cercanía con mis vivencias obedecía a la dinámica propia de la vida. Reconozco que muchas, la mayoría, fue afable, y cordial. Algunas fueron apoyos para mis momentos de soledad, otras compartieron sus alegrías y sus descubrimientos, otras en cambio sólo estaban para ayudarme a crecer. Pienso en la finalidad que tuvo para mí cada uno de los encuentros que he tenido a lo largo de mi vida. Desde mi perspectiva, desde mi corazón concluyo que a ellos los puedo definir como a quienes favorecieron mi crecimiento, o sencillamente quienes lo obstruyeron. Sería simple, y carente de fundamento, clasificar a las personas como buenas o mala, acorde a la experiencia que tuve con ellos. Somos más que esa clasificación, y esta dualidad se quiebra al constatar que la riqueza del ser humano es profunda y variadísima. Para efectos de este razonamiento, que surge de un mero recuerdo, tengo que clasificar a quienes llagaron a mi vida desde ese punto de vista. Independiente del bien o mal que me hayan hecho con sus acciones, inconscientes o conscientes, puedo establecer que todas ellas pasaron por mi vida. Me encontré con ellas, luego de un período, ( o de una de esas etapas de mi crecimiento), para posteriormente separarme de ellas. A pesar de esta separación física, sus personas aún viven en mí. Persiste su recuerdo en lo más hondo de la conciencia. Existen, aunque no las vea. Perviven, aunque hayan muerto. Su existencia es continua, permanente. Retrotraerse a un tiempo pasado, es permitir que ellos vuelvan a cobrar vida.
Puedo verlos nuevamente, aprecio como se desplazan y como sonríen. Es la magia de la mente, que me permite recuperar las vivencias conservadas en la cámara de los recuerdos.
Es difícil contabilizar cuántas personas han traspasado la línea de mi vida, a muchas las he olvidado, o su recuerdo me resulta lejano y difuso, lo concreto es que un día llegaron a mi vida, y en un momento no deseado se alejaron. Lo simpático de todo este planteamiento es que se fueron sin despedirse, un día cualquiera desparecieron de mi existencia, o bien yo desaparecí de la de ellos. Ahora, a la distancia, y con las coordenadas que me permite el tiempo, puedo anhelar volver a verlos, pero la realidad me impone una verdad categórica e irreversible. Es probable, que este razonamiento tenga un tono triste y melancólico, cada vez que lo planteo como reflexión, ese tono se impone en mi escrito y en mis pensamientos.
Siempre es doloroso despedirse de las personas y de las cosas. Estas despedidas son connaturales a la vida misma, lo mismo que la despedida de un ser querido cuando fallece. Esta, probablemente, se acepte más por la violencia de su imposición, en cambio la otra la de aquellos que sabemos que viven, y a quienes no volvemos a ver, nos sabe a injusta, pues perduran los sentimientos de amor y afecto que ellos generaron en nosotros. Tenemos la posibilidad de re-encontrarnos en una realidad física, tangible, material, sin embargo no sucede. Cómo podría encontrar a la profesora que me hizo clases en el sexto año de enseñanza básica. Si indago, y averiguo puedo llegar a ella, pero esto no es un ejercicio que realizamos con frecuencia.
La despedida como esquema de vida, se replica y se hace extensiva a todas las cosas: al habitat natural, social, el tiempo, a nuestra contemporaneidad, a la vida y a las personas. En todas estas dimensiones fluye un proceso de despedida. Simultáneamente, nos despedimos en varios frentes. Durante la mañana salgo al encuentro del día, subterráneamente inicio el proceso inverso. En todas las situaciones que pueda enfrentar en ese mismo día, operará la misma mecánica. Constato que este ‘despedirse’, es inevitable, aunque lo desee no puedo detenerlo, escapa a mi voluntad. Realidad inexorable, implacable en su propósito y en su dinamismo. Desearía estar fuera de esta corriente, sería un ideal humano, no obstante, la vida misma con la suma de sus despedidas nos fortalece, y permite que germine en nosotros, sólidos afluentes de sabiduría y de aceptación. Es cierto, este transcurrir se desplaza entre el ‘encuentro y la despedida’ de una realidad tangible y material, quien puede negar que al despedirnos de esta realidad, comencemos a encontrarnos con una dimensión a la que nuestra mente, por su limitación, no alcanza a vislumbrar. No estoy en condiciones de negar esa realidad distinta, que escapa a nuestra comprensión. Quizá sea ese el momento, en el que encuentre las claves que me permitan entender lo que ha sido vivir esta vida. Porque, a medida que camino y avanzo en mi existencia, logro visualizar con claridad lo los distintos momentos que he vivido, siempre las claves de interpretación de lo que he sido las he hallado en mi futuro más cercano. Así he logrado conocer quién soy, además logré entender lo que significó para mí cada una de las personas que pasó por mi vida. A medida que avanzo, y lo hago con seguridad, permito que mi mente ordene en una sola línea los eventos que me ha correspondido vivir, y conecte las distintas variables que han permitido esos encuentros. La comprensión de lo que significa estar en el hoy y en el ahora, la voy logrando con el transcurrir del tiempo, este tiempo que me impone un sello de encuentro y despedida, el que no puedo eludir.
Este, no pretende ser un razonamiento pesimista ni absoluto, permite cambiar el enfoque sobre el cómo estamos viviendo la vida. Cómo resolvemos, a nivel personal el tema, de las relaciones con los demás. Si tengo claridad con respecto a estos puntos, puedo reiniciar un proceso para refrescar y remozar mi experiencia con ‘el otro’, es decir de hoy en adelante tengo que ser capaz de valorar a quien llegue a mi vida, pues siempre se establecerá la dinámica de encuentro y despedida. Entonces, tengo que ser capaz de permitir que yo para el otro sea un factor de crecimiento y felicidad. Lograr, que en definitiva, se lleve un grato recuerdo. aunque no vuelva a encontrarme con él nunca más. Lo planteaba en otro punto de esta Web, y lo reitero, debido a que distintos razonamientos me conducen al mismo punto.
La idea de la despedida no debe asustarme. Tampoco tiene que ser un factor desestabilizador, por el contrario, tiene que conducirme a vivir la vida con intensidad, y no dejar de realizar la misión que tengo en la vida, y responder a mi compromiso con los demás. Vivir como si este día fuese el último día. Impedir que el pesimismo nos derrumbe, que el desánimo aniquile nuestras fortalezas internas.
Vive la vida, no orbites en torno a ella, deja de ser espectador e involúcrate como actor. Define, corrige, y vive la vida que más te acomode. Vive tú vida, es única e irrepetible. Toma la conducción, fija tú los derroteros que deseas cruzar, pero por sobre todas las cosas tienes una responsabilidad con los demás. La sensación de alegría, o de desdicha que conservarán ellos, sólo tú puedes sembrarla en sus corazones. Es cierto, la vida es encuentro y despedida, acepto esta realidad con humildad y sencillez
3 Dinámica de conocimiento personal.
Responde y revisa tus relaciones interpersonales con el siguiente esquema:
HOY MAÑANA FUTURO
Contigo
con los demás
Con lo trascendental
Tienes que preguntarte cómo te relacionas hoy contigo mismo, con los demás
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Tengo que valorar y dar importancia a los demàs porque ellos en alguna medida me ayudan a realizar mis sueños
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